21 febrero 2015

ME SIENTO VIEJO.

 Estoy viviendo una etapa de cansancio
 que me acompaña incesante;
 mis huesos se van rindiendo, buscando
 y añorando el descanso.

 Me siento viejo de mi mismo y me pregunto
 si a veces se envejece más allá de la vejez;
 pero no hay lágrimas; oigo eso si cada vez más
 el silencio y sólo recobro fuerza al recordar
 los sonidos de mi infancia que descienden
 ante mí y veo abismos con una profundidad enorme,
 a la que me asomo al borde, -sin llegar al final-
 donde percibo rostros sin proyectar sombra,
 en el espacio vacío de los espejos, y
 en el que ya no existirá hora, ni tiempo
 y donde todo quedará extraviado en la eternidad.

 Busco entonces la serenidad, huyendo del miedo
 a la posible realidad de la propia desaparición
 y entonces pienso y siento que la vida continúa
 y lo hará en seguimiento del tiempo, con la abeja
 melificando en su colmena, las serpientes cambiando
 de camisa, las ranas y sapos croando en los arroyuelos
 y charcas, las arañas tejiendo sus caminos de seda
 y los pájaros en sus nidos contemplando,
 como la luna sigue iluminando el azul dormido.

Marcelino Menéndez González


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