03 junio 2009

EN ESPERA DEL AMOR


Posa desnuda la tarde y llueve
lavando los olivos, y tras la lluvia,
brilla el cerezo.

El cielo en ese atardecer, se llena de
infinitos colores tuteando a las nubes
que permanecen dispersas y vigilantes
y en medio de una agónica resolana,
antes de perderse el día en la raya del horizonte,
llegas a recapacitar, en cuántas veces
los caminos dejan profundas marcas
en nuestros corazones, impregnadas en el alma
y aunque los hayas recorrido sin cesar,
siguen siendo los mismos.

Cuando surja uno nuevo, desconocido,
valdrá la pena caminar en él si tiene un destino,
con la posesión y la idea de pensamientos silenciosos,
que transiten y lleguen con esa ternura, que es
la sensibilidad con los estados del alma,
que vitaliza, acaricia y acompaña, esperando el amor,
y con la emoción aún viva del bello preludio de un beso
soñado, que no llega…

Marcelino Menéndez González

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